martes, 04 de noviembre de 2008
Publicado por Desconocido @ 17:42  | Testimonio
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Tengo un amigo que recientemente se sometió a una laringoscopia. Se me crispó el rostro de dolor mientras él explicaba cómo su doctor tomó una cámara con una luz en un extremo y la introdujo por su garganta para tratar de encontrar la causa de su mal.

Esto me recordó que la Palabra de Dios es como una laringoscopia. Invade las áreas de nuestras vidas que no se pueden ver, exponiendo el tejido espiritual enfermo y dañado que nos atribula. Si se te crispa el rostro de dolor ante la idea de lo incómodo que podría ser este procedimiento divino, considera las palabras de Jesús: «Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas» (Juan 3:20). Puede que las intrusiones internas sean incómodas pero, ¿realmente quieres estar enfermo?

Darle la bienvenida a la Palabra de Dios para que penetre en los lugares profundos y oscuros de nuestros corazones es la única manera de encontrar verdadera sanidad y la salud espiritual que anhelamos. Créame, el procedimiento será concienzudo. Tal y como lo asegura el autor de Hebreos, la Palabra de Dios es «más cortante que toda espada de dos filos» (4:12), cortando todo a su paso desde los aspectos externos de nuestras vidas, hasta llegar a nuestros pensamientos, intenciones y motivos.

Entonces, ¿qué estás esperando? No necesitas tener una cita con la Palabra de Dios. ¡El cirujano divino estará listo cuando tú lo estés! -JMS

Que la Palabra de Dios explore tu ser interior.

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