
Parece extraño que los escritos sagrados incluyan escenas de fracaso espiritual, pero esto refleja un principio importante. Un terapeuta matrimonial advertirá a las parejas: «Puede que su relación empeore antes de que comience a mejorar». Los malos entendidos deben quedar expuestos antes de que pueda florecer la verdadera comprensión. Los salmistas no racionalizan la ira ni dan consejos abstractos sobre el sufrimiento; más bien, expresan las emociones de manera vívida y en voz alta, dirigiendo sus sentimientos fundamentalmente hacia Dios. La conclusión angustiada del Salmo 88 provee amplia evidencia de ello (vv. 13-18).
Los salmos presentan un mosaico de terapia espiritual en proceso. La duda, la paranoia, el atolondramiento, el deleite, el odio, el gozo, la alabanza, los sentimientos vengativos, la traición; encontramos todos estos sentimientos en los salmos. En ellos aprendo a llevarle a Dios todo lo que yo siento acerca de Él. No necesito disimular mis fracasos; es mucho mejor llevarle mi debilidad a Él, quien es el único con el poder para dar sanidad. -PY
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