sábado, 28 de junio de 2008


Me encanta el coco. ¡Siempre me ha encantado! Así que, después de un día agotador en el segundo grado, encontré una bolsa de coco rayado en el aparador y me la devoré toda. Cuando más tarde mi madre entró en la cocina para hornear -ya puede imaginar el qué: una torta de coco-, escuché: «¿Quién se comió el coco? »

Yo sabía que estaba en apuros, pero mi plan de escape era sencillo -una mentira rápida y fácil: «¡Yo no fui!»

Ella siguió con su interrogatorio con mis hermanas, pero después de que ellas lo negaron, todos escuchamos esas palabras que nos eran tan familiares: «¡Esperen a que su papá venga a casa!» Mi plan de encubrimiento estaba condenado al fracaso, y más tarde esa noche confesé.

Nadie me había enseñado a mentir. Tal y como lo admite el salmista David, «en maldad he sido formado» (Salmo 51Avergonzado. Pero en medio de su pecado, David supo a dónde ir -al Dios de abundante misericordia que nos limpiará de nuestro pecado (vv. 1-2).

Cuando reconocemos la continua realidad del pecado en nuestras vidas, se nos recuerda nuestra continua necesidad de la presencia de Dios y el poder de Su Palabra para mantenernos a salvo y espiritualmente cuerdos. Él está esperando que confesemos nuestras faltas y aceptemos el perdón y la limpieza que siempre está dispuesto a ofrecernos.

Recuerda, ¡una zambullida refrescante en la misericordia de Dios te espera al otro lado del pecado confesado! -JMS

Lee el Salmo 51
Admite tu pecado y experimenta el gozo de la confesión.

Mañana os espero en la Iglesia Evangélica de la Calle Londres, 13 Madrid

Tags: dios, amor, perdón, confesión, misericordia

Comentarios
Publicado por Invitado
jueves, 14 de mayo de 2009 | 1:10
Me gusto mucho,que bueno saber que tenemos un Dios que nos perdona siempre,aleluya...
Publicado por Invitado
jueves, 14 de mayo de 2009 | 1:21
Me gusto mucho,que bueno saber que tenemos un Dios que nos perdona siempre,aleluya...