Jueves, 12 de junio de 2008
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En un reciente viaje a Londres subimos por la salida de la estación del metro que da a la Calle Baker, donde nos dio la bienvenida una estatua de tamaño natural del legendario detective Sherlock Holmes. Creado por el novelista Sir Arthur Conan Doyle, Holmes era un genio investigador quien rutinariamente podía evaluar pistas aparentemente al azar y resolver el misterio.

Desconcertado por la asombrosa brillantez, su compañero, el Dr. Watson, pedía una explicación, a lo que Holmes respondía con mucha labia: «¡Elemental!», y luego procedía a revelar la solución.

Sería maravilloso que la vida funcionase así. Muy a menudo, enfrentamos eventos y circunstancias que son mucho más desconcertantes que un misterio de Sherlock Holmes. Luchamos por resolver nuestra vida, pero siempre parecemos quedarnos cortos.

En momentos como éstos, es consolador saber que tenemos un Dios que no necesita evaluar la situación -Él ya lo sabe todo perfectamente. En Hechos 15:18 leemos: «Dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos». Él nunca tiene que preguntarse o recurrir al razonamiento inductivo.

A pesar de nuestra naturaleza finita, nuestras vidas descansan en las manos de Aquel que sabe todos los qués, porqués, y cuándos que alguna vez enfrentaremos. Al confiar en el Señor, Él nos guiará en el camino que desea que tomemos -y Su camino nunca es el equivocado. -WEC

En un mundo de misterio, es un consuelo conocer al Dios que sabe todas las cosas.

Tags: Dios, ayuda, amor

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