Martes, 13 de mayo de 2008


Durante tres meses disfruté de un lugar en primera fila -o debo decir de una vista a vuelo de pájaro- de la asombrosa obra de Dios. Los trabajadores del Jardín Botánico de Norfolk instalaron una cámara web a 27 metros encima del suelo enfocada en el nido de una familia de águilas calvas, y a los espectadores en línea se les permitió observarlas.

Cuando los huevos empollaron, mamá y papá águila estuvieron atentos a sus polluelos, turnándose para cazar alimento y proteger el nido. Pero un día, cuando los aguiluchos todavía parecían bolas de pelusa con pico, ambos padres desaparecieron. Me preguntaba qué les habría pasado.

Mi preocupación era infundada. El operador de la cámara web amplió el ángulo de la cámara, y allí estaba mamá águila, colgada de una rama cercana.

Mientras cavilaba sobre este cuadro «re-enmarcado», pensé en las veces cuando temí que Dios me había abandonado. El panorama de las alturas en los bosques de Virginia me recordó que mi visión es limitada. Sólo veo una pequeña parte de todo el escenario.

Moisés usó la imagen de un águila para describir a Dios. Dios lleva a Su pueblo así como las águilas llevan a sus polluelos (Deuteronomio 32:11-12). Sin importar cómo pueda parecernos la situación, Dios «no está lejos de cada uno de nosotros» (Hechos 17:27). Esto es cierto aun cuando nos sentimos abandonados. -JAL

Sabiendo que el Señor vela por nosotros, no tenemos que temer los peligros que nos rodean.

Tags: pensamiento, cristiano, ayuda

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